La Menarquia: el primer tabú
La menarquia es la primera menstruación. Y la primera menstruación llega en el momento de más vulnerabilidad de una adolescente.
“Me acuerdo de ella, de ese día de incertidumbre, vergüenza y desolación. Lo poco que sabía de ella y de sexo era a través de los temas de “ Conocimiento del medio” sobre el sistema reproductor y de revistas de adolescentes que llegaban a mis manos. Confundí esa mancha oscura y escasa en mis braguitas con una posible infección vaginal de esas que explicaban esas chicas en el apartado de dudas de dichas revistas. No fui capaz de decirle nada a mi madre. Me fuí al colegio. Pasó toda la tarde y mantuve el secreto, la angustia y las dudas sobre si algo malo me pasaba. Al final se lo conté a mi prima, y ella me confirmó que se trataba de mi primera regla. Me eché a llorar. Ella se lo contó a su madre, y su madre a la mía. Me llegaron felicitaciones que no entendí muy bien. Todo el mundo hablaba de mí como si no estuviera, como si no me enterara de que me había venido la regla. Sentía vergüenza por esas situación y al final el día acabó como había empezado, sin saber que me iba a pasar a partir de ahora. ¿Qué era lo siguiente? Me sabía “la teoría” a grandes rasgos, pero a efectos prácticos, ¿De qué va esto de tener la regla?
Este es un relato real de una de mis pacientes que me autorizó a publicar su historia de forma anónima.
Trabajo con muchas menarcas, la mayoría ven como asqueroso y vergonzoso un proceso completamente natural, como es la regla. No son libres ni capaces para poder hablar de su menstruación. Y me pregunto ¿por qué?
Veo una ausencia de diálogo intergeneracional, madres que relatan los ciclos de sus hijas mientras ellas no no levantan la mirada de las pantallas de sus móviles. Madres que ha su vez han sido adolescentes, la mayoria de veces desinformadas que han ido perpetuando mitos heredados de nuestros ancestros o heredados de sus ginecólogos de “toda la vida”.
Para cuando llegan a mi, muchas ya están instaladas en el autoodio y entrenadas en la incomodidad de sus cuerpos y desconectadas de su feminidad.
Acostumbradas a un dolor prescindible, a fingir que todo va bien, a vivir tres o cuatro días confinadas en sus casas cada mes, a que su vida se pare porque están con la regla y sienten vergüenza.
¿Y los adolescentes? ¿que es de ellos? seguirán pensando en: “¿a qué huelen las nubes? ¿que la menstruación es de color azúl? ¿ que con la regla no pueden tener relaciones sexuales? ¿ o que pueden hacerlo a pelo por qué no se quedara embarazada? ¿Se seguirán riendo de sus compañeras de clase cuando se les cae la compresa de la mochila en un intento desesperado de disimular que la necesitan?
Es mandatorio apoyar a nuestras adolescentes en su crecimiento sin condescendencias ni infantilismos. Son ellas las que sangran por primera vez y tienen el derecho de experimentar este cambio sin miedo. Para cuando una púber se convierte en menarca, debería contar con toda la información sobre su primer ciclo menstrual y los que le seguirán, aquello que es “normal” y “lo que no”
Pero creo que igual de importante y como parte de una educación feminista es educar a nuestros adolescentes masculinos en el ciclo menstrual, como aliados que deben ser, tienen derecho a una educación menstrual sin tapujos ni medias verdades.
El primer paso para esta educación menstrual, es luchar contra la desinformación y los eufemismos; “ no enfermamos” ni “ son los días en que somos mujer”. Somos mujeres, somos ciclicas.
La regla es un proceso NATURAL que la sociedad se ha encargado de DESNATURALIZAR.
Recuperemos nuestro ciclo y conectemos con nuestra feminidad
“Menospreciar la regla a edades tempranas propicia la interiorización del patriarcado.”
D.E.A
Laia Sànchez es ginecóloga y obstetra, especializada en senología y ginecología infanto-juvenil. Es colaboradora en essence y ofrece visitas online de ginecología.